Madagascar 3: extrasuperhiperjalada

La uno fue buena, la dos no tanto y la tres, rompe todo esquema, sólo se mantiene el tipo de chistes. Así, sin más :(
Mi idea original al llegar a la taquilla y pedir dos boletos para ver Madagascar 3 (llevando casi a rastras a mi novio), era demostrarle que estos cuatro animales podían hacerlo reír lo suficiente como para que se relajara después de una pesada semana de trabajo… y pues no resultó del todo.
Alex, Marty, Gloria y Melman están hartos de encontrarse en el abandono esperando a que los pingüinos vayan a rescatarlos del terrible desierto en el que se encuentran. De pronto, ¿porqué no?, les da el síndrome del jamaicón y se van a Monte Carlo, sitio en donde estaban los pingüinos, para convencerlos de regresar a su amado zoológico de Nueva York. Ya ahí se topan con un circo y la aventura se desarrolla como en cualquier película de Disney.
Hasta aquí parece no haber problema, pues en las películas animadas, el chiste está en cómo te cuenten la historia y no la trama en sí. Sin embargo, no lo aprovecharon. Saben contar chistes, tienen a cuatro animales que ya todos conocemos bien y la aventura ocurre en un circo, si tienen todo eso entonces ¿por qué no hicieron las cosas bien?
Todo lo que sucede es inverosímil, aunque se tenga la intención de ser fantasiosa y de impactar a los niños, es demasiado hasta para ellos. Momentos jocosos sí los hay, pero sólo son unos cuantos. Abusan de los personajes “estereotipo” (el malote que en realidad es un bueno venido a menos, el animalito de ojotes tiernos y voz chistosa, el líder con su amigo torpe, etc.) y cansa.
En fin, si después de todo esto deciden verla, les advertimos que tendrán que ir con la mente muy abierta y obligarla a no razonar lo que está viendo. Algo que mi novio no logró y por lo tanto al salir, existió la típica plática de no más de cinco minutos en la que la conclusión fue: “¡¡¡Madagascar 3 quéeeee!!!”

