Recordando Paranoid Park de Gus Van Sant (2007)


Recordando Paranoid Park de Gus Van Sant (2007)

Este fin de semana anduve limpiando el armario y encontré una gran cinta de 2007, se trata de Paranoid Park, un filme de Gus Van Sant -uno de mis directores preferidos-, el cual sigue con la línea que el estadounidense comenzó a marcar en su filme titulado Elephant, acreedor a la Palma de oro en Cannes y que retrata un día en la vida de varios estudiantes de una preparatoria. Con Paranoid Park, el director deja atrás el estilo más comercial (pero inteligente) de cintas como Good Will Hunting y Finding Forrester y se sumerge en el realismo de un personaje común y corriente que por una decisión momentánea vive una circunstancia difícil que cambia su percepción de la vida.

Basada en la novela de Blake Nelson, Paranoid Park se centra en Alex (Gave Nevins), un chico de 16 años de Portland aficionado a la patineta, que narra, por medio de un diario, el suceso que ocurrió cerca de un parque público a partir del interrogatorio que le realiza un detective dentro de su escuela. Así, nos enteramos de que Alex mató por accidente a un guardia de seguridad y que decidió ocultar la verdad por miedo a ser detenido. Conforme avanza la historia, nos damos cuenta de que ésta no está narrada en tiempo real, sino que ocurre de forma desfasada sin que podamos localizar siquiera el clímax.

Todo gira alrededor de aquel día en Paranoid Park y de la confesión que Alex realiza mientras le escribe una carta a su mejor amiga. A su alrededor podemos ver las preocupaciones por las que pasa cualquier adolescente: el divorcio de sus padres, la relación con su novia, su deseo por tener experiencias sexuales, la amistad, la pasión por el skateboard y su necesidad por sentirse aceptado por miembros mayores del círculo al que pertenece. Se realizaron tomas en 35 mm y en Super 8 que hacen sobresaltar la angustia y la ansiedad por la que pasa el protagonista a pesar de su semblante apacible y la supuesta ingenuidad ante el asesinato ocurrido.

Con todos estos elementos, nos adentramos como público a la mente del chico, quien sin duda oculta el miedo que le provoca el posible resultado del gran error que cometió. Van Sant utilizó actores nuevos que reclutó vía MySpace: rostros que el público no reconoce para darle un realismo al estilo docudrama, muy diferente a cintas de skateboarders como Lords of Dogtown, en donde las buenas críticas en parte ocurrieron debido al gran elenco con el que contaba (Heath Ledger y Emile Hirsch).

Visto como una ventaja visual –sobre todo-, el director explota dicho elemento en tomas largas, en las que podemos observar con detenimiento los movimientos de Alex –cruzando el pasillo de su escuela- o bien, intimando con él dentro de una regadera justo después del asesinato. Dichas escenas, a pesar de ser largas (sello de Van Sant), son una herramienta importante de identificación “protagonista-público” y son reforzadas con el soundtrack en el que se utilizaron piezas clásicas de Elliot Smith y Nino Rota (provocando cierta contrariedad sin duda).

Más que retratar aspectos culturales de un grupo de adolescentes estadounidenses, Paranoid Park es una introspección hacia la mente de un chico normal que, de la noche a la mañana y por accidente, se convierte en un asesino. Van Sant ha aprovechado a lo largo de su carrera determinados movimientos entre los adolescentes estadounidenses para realizar historias profundas en las que une a la juventud con la muerte y cuestiona la moral, el desinterés y la falta de atención de los adultos hacia sus propios hijos, uno de los problemas más graves a los que se enfrenta nuestra sociedad (resultado de asesinatos dentro de escuelas, desórdenes alimenticios, drogadicción, entre muchos otros).